En realidad parece y es
salida de una cultura ancestral, con su aspecto antiguo y su semblante fuerte.
Mujeres de entonces, donde la necesidad y la costumbre prohibían dibujar las
formas corporales. Tampoco la ropa dejaba traslucir el cosquilleo que refleja su morada. Sí, toda negra por
fuera, sus vestidos, su pelo, sus cejas, menos su mirada y su barbilla y sus
labios entreabiertos, de donde nace una expresión sana, satisfecha y feliz con lo que tiene. Su peinado, seguramente
trabajado por ella misma, le da ese toque femenino y coqueto que esconde toda
mujer en un momento dado. No hay en este
retrato ningún ornamento que la embellezca pero su verdadera belleza está en la
sencillez con la que posa. Agradable y tranquila… sólida y propia de la mujer de
su época.
II Edición de La noche de las velas
Hace 2 años