
de las buenas intenciones
de la vida,
pero las olas vienen roncas;
el día es un polígono
de aristas puntiagudas,
la noche no tiene bombilla
su techo es negro eterno.
No soportamos ni nuestro propio yo
y somos un yoyó de los otros
que nos marcan sus oficios y beneficios.
¡Cuánto reclamo se agita en mi retina!